El arte en todas sus concepciones está presente en la vida de Miguel. Pero si nos centramos en la música, su referencia más notable -incluso a veces cometieron los mismos errores- es David Bowie, camaleónico y glamouroso...
ARTE
Desde su tierna infancia, Miguel Bosé ha estado en contacto con el medio artístico en sus más diversas facetas: de sus estancias en la finca francesa de Pablo Picasso a sus estudios en Europa y Nueva York, pasando por su debut interpretativo en el filme Los héroes millonarios (Gli Eroi, Duccio Tessari, 1972) y su definitiva caracterización como músico. También es destacable el hecho de que Andy Warhol creara la portada de su álbum Made in Spain (1982), además de dirigir dos de los video-clips extraidos del mismo.
POP
La música de Miguel podría describirse como pop con múltiples influencias. Desde su arranque como ídolo juvenil, pasando por el advenimiento comercial en 1984 o la madurez que rezuma en sus últimas entregas, las melodías siempre han estado presentes en sus canciones. Eso sí, vestidas a la moda con arreglos que abarcan del petardeo más eighties al funk, el reggae o las tendencias electrónicas mainstream, por citar algunos ejemplos. Su agrado por David Bowie se percibe en una estética camaleónica, ante todo en su etapa intermedia.
CINE Y T.V.
Con sólo quince años de edad, el artista intervino en su primera película. Su relación con el celuloide también comprende, entre otros, el papel que Pedro Almodóvar le adjudicó en la brillante Tacones Lejanos (1991). Por lo que respecta a su faceta televisiva, Bosé dirigió y presentó el espacio musical Séptimo de caballeria, por cuyo escenario desfilaron, en riguroso directo, bandas y artistas tan interesantes como Sonic Youth, Placebo o R.E.M..




