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El uso del castellano en sus letras marcó distancias con el resto de bandas de su generación como Australian Blonde o El Inquilino Comunista entre otras.

Muy lejos quedan ya aquellos primeros años de la década de los noventa, en los que un grupo granadino que hacía pop con influencias anglosajonas, logró reunir el presupuesto suficiente para grabar su primer single, Medusa e.p.. El recién nacido sello Elefant, apadrinó la gestación del disco con el que el grupo liderado por J y Florent, empezaba su firme andadura por los confines del indie patrio. El uso del castellano en sus letras marcó distancias con el resto de bandas de su generación como Australian Blonde o El Inquilino Comunista entre otras.

Con una primera formación compuesta por J -voz y guitarra-, Florent -guitarra-, May -bajo- y Paco (batería), deciden presentarse a la octava edición del concurso de maquetas de la revista Rock de lux., con dos nuevos temas: Brigitte y Rey Sombra. El segundo puesto en el concurso les permite darse a conocer y logran firmar con la multinacional RCA, que les abrirá las puertas para la grabación de su primer largo. Super 8 (1994) muestra ya la emotividad y la inquietud de unos textos que van a ser marca registrada para el grupo, manteniendo un sonido popero a caballo entre las melodías y los arrebatos de ruido. Este primer trabajo cuenta con el diseño de Javier Aramburu, al que ya no abandonarán, y que marcará de por vida la identidad visual multicolor del grupo. En marzo de 1995 publican su disco sencillo Nuevas sensaciones, en el que la canción que da título al mismo demuestra la facilidad artística de la banda para crear hits pegadizos y arrebatadores.

Convertidos ya en la punta de lanza de la escena indie nacional, entran a grabar su segundo LP con el cambio en la batería de Paco por Raúl Santos y Erik Jiménez -de Lagartija Nick-, quienes se encargan de repartirse los temas de su segundo trabajo. Pop (1996) cuenta con una producción un tanto desconcertante, que muestra un sonido algo más light, pero que rezuma sus continuas referencias a la música de bandas foráneas como Teenage Fanclub, Mercury Rev o incluso The Velvet Underground. Los estribillos relampagueantes, las melodías más pop y unas letras corrosivas y llenas de esos conceptos atemporales e imperecederos como el amor, las drogas y los distintos estados de ánimo, son algunas de las razones esgrimidas en este disco. En enero de ese mismo año publican el single Himno generacional#83, al que acompañan dos temas extra con distinta suerte, como son la psicodélica Manchas solares y la brillante Prefiero bollitos. El éxito de su propuesta musical les lleva a dar infinidad de conciertos por toda la geografía española, entre los que aprovechan para grabar tres canciones para el nuevo single Punk, editado en julio del 96. Poco después, la bajista May Oliver decide dejar el grupo, a la que acompaña en su despedida el batería Raúl Santos.

Ya con el escocés Kieran Stephen a las cuatro cuerdas y el relevo una vez más de Erik Jiménez a la batería, el grupo se marcha a Nueva York para grabar su tercer LP. Una semana en el motor de un autobús (1998) es un cuidado trabajo, denso, oscuro y compacto al mismo tiempo, dotado de una excelente producción que en su conjunto logra poner de acuerdo a crítica y público. Capaces ya de codearse con los pesos pesados del FIB y cosechar éxitos allí donde van, Los Planetas consiguen el reconocimiento masivo con su trabajo menos comercial hasta ese momento. Singles menos claros, estructuras más barrocas y melodías muchas veces tristes y oscuras, que sin embargo completan un disco que supera a todos sus antecesores ya sea por su serenidad, su personalidad o su complicidad. En enero del 99 graban un nuevo EP ¡Dios existe! El rollo mesiánico de Los Planetas, al que acompaña poco después el doble CD recopilatorio de todos sus singles y EP’s Canciones para una Orquesta Química (1999).

Su cuarto y último disco, Unidad de desplazamiento (2000), les ha vuelto a poner en lo más alto. Con los músicos de siempre y la incorporación definitiva a los teclados de Banin, se grabó en su propio estudio -Refugio Antiaéreo- y el álbum cuenta con una producción serena y coherente, que hace que su sonido vaya un paso más allá. Un trabajo que se afianza en la sólida estructura narrativa de sus trece temas, con una cuidada instrumentación y con unos desarrollos más largos, que quizás necesite de más escuchas pero que guarda todo el vigor melódico y emocional de la banda. La última despedida -en esta ocasión del bajista Kieran Stephen, que es sustituido por Miguel-, acontece unos meses antes de la publicación de su último single Maniobra de evasión, que incorpora 4 canciones de su repertorio clásico grabadas en los conciertos de la sala Apolo de Barcelona.