A veces los sueños se cumplen, o al menos se van cumpliendo con el tiempo. Poco se pensaban Miguel López y Felipe Spada que su enésimo proyecto musical iba a tener tales repercusiones...
A veces los sueños se cumplen, o al menos se van cumpliendo con el tiempo. Poco se pensaban Miguel López y Felipe Spada que su enésimo proyecto musical iba a tener tales repercusiones, cuando cerca de la treintena formaron el grupo junto a la joven Cristina. Un corazón pop a prueba de balas les hizo deleitarse en su mitomanía para recrear de la forma que fuese el bagaje adquirido con años de devoción. Y esa forma fueron las canciones naïf y desacomplejadas de Los Fresones Rebeldes.
Hacen llegar una maqueta a Juan de Pablos, quien se enamora enseguida de la candidez amateur del grupo y empeza a emitir sus canciones durante el programa Flor de pasión. Graban su primer single para el pequeño sello Spicnic -la irresistible Al amanecer-, aunque Subterfuge no tarda en interesarse por ellos. Colaboran en el recopilatorio del sello -Freaks attacks! (1997)- y publican su primer álbum, Es que no hay manera, consiguiendo unas respetables ventas que se estiman sobre las 20.000 copias. El disco presenta un carácter tan amateur e infantil que un sector de la crítica llega a compararlos con formaciones ya extinguidas del tipo Parchís o Regaliz, en un ejercicio nada gratuito a juzgar por su sonido. No obstante, al margen de esa aparente simplicidad es innegable la chispa de cortes como Al amanecer o Joven, autéticos hits del indie patrio. En 1999 aparece Éxitos 99, bajo una deliciosa cubierta que parece inspirada en la estética de los mejores tiempos del programa 1,2,3. Aunque no se trate estrictamente de una recopilación, el disco contiene canciones editadas previamente por el grupo. El material nuevo no se aleja de los preceptos de la banda, y los textos mantienen esa frescura costumbrista tan característica. Medio Drogados o Algo hay son muestras de que su hacer obtiene a veces resultados más que óptimos.



