De sus paseos soñadores por la playa de la Concha, en San Sebastián, hasta hoy, La Buena Vida ha protagonizado una de las carreras más sólidas, inspiradas y coherentes del pop español de los 90.
De sus paseos soñadores por la playa de la Concha, en San Sebastián, hasta hoy, La Buena Vida ha protagonizado una de las carreras más sólidas, inspiradas y coherentes del pop español de los 90. Y con la salud de hierro en vistas del LP que nos presentan, el quinto, "Hallelujah!", donde muestran un dominio absoluto y sereno del pop de cinco estrellas. La historia de La Buena Vida (Iranzu, cantante quebradiza, Mikel -voz, guitarra-, Javier -guitarra-, Borja -guitarra-, Pedro -bajo-, José Luis -teclados- y -Raúl -batería-, la mayoría compositores) corre paralela a la del madrileño sello Siesta. En julio de 1992, se funda Siesta con un concierto triple: Daily Planet, Moving Pictures y unos donostiarras que, en cierto modo, sustituían a Family. A la salida, La Buena Vida ya es uno de los buques insignia del sello, por sonido, actitud e imagen (esas exquisitas portadas de Javier Aramburu). Sus LPs -"Historia de un verano", "Soidemersol", "Panorama"...- les muestran cada vez más firmes en el estudio y el escenario, sin perder en el camino el instinto para la melodía. Sus conciertos desnudos del 97, con piano y cuerda, de Louis Philippe, o riesgos conceptuales como inspirarse en "La noche del cazador", de Charles Laughton, para el Festival de Cine Fantástico de San Sebastián, revelaron que en ellos hay algo único en su generación, que llega más allá del caramelo inmediato. Es la profesionalidad técnica, como músicos y compositores, y una vasta cultura musical. La Buena Vida se empapa de Gainsbourg, Saint Etienne, Sandy Shaw, The Beatles, Jaques Brel, Burt Bacharach, Nino Rota, Nick Drake, Astrud Gilberto, Marvin Gaye, New Order, Carpenters, Velvet Underground, Beach Boys... De toda la música pop que alcanza a ser arte y ellos, sus alumnos aventajados. El final del verano, la piscina vacía, una brisa lluviosa, el adiós a un amor fugaz. Septiembre en el BAM, con la nostalgia de La Buena Vida.
Cortesía BAM



