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Talento idealista

Publicada: 06 Oct 2006

Ben Harper presentó su candidatura a bandera de la canción protesta para el nuevo milenio.

Ben Harper ingresó anoche (por derecho propio) en el exclusivo club de artistas extranjeros -como puedan ser Springsteen o Mark Knopfler- que sin practicar lo que se dice una propuesta comercial en sentido estricto logran llenar grandes superficies en nuestro país. El cantautor californiano ha logrado penetrar y enganchar a un público muy heterogéneo a lo largo de sus más de trece años de carrera. En Madrid sus seguidores se reunieron en el Palacio de los Deportes para asistir al concierto-presentación de su séptimo trabajo de estudio: ‘Both Sides of the Gun’. El título, a modo de metáfora, hace referencia a las dos vertientes de su repertorio, la acústica y la que emana del poder de las guitarras. En la capital, acompañado por esa fantástica banda llamada The Innocent Criminals, combinó ambas facetas aderezando el espectáculo con improvisaciones, temas en solitario y algún que otro chiste.

A las primeras de cambio el público ya estaba coreando el nombre de ‘Benito’, su pseudónimo nacional. ‘Faded’ y ‘Ground on Down’ abrieron el set para que después Harper y el percusionista David Leach protagonizaran ‘Burn one Down’, una oda al cannabis cuya melodía evoca al ‘Redemption Song’ de Marley. Pese a la prohibición de fumar dentro del Palacio algunos asistentes decidieron que ese era el momento más adecuado para saciar sus ansias de humo.

Siguió la popular ‘Diamonds on the Inside’, posiblemente su canción más reconocida y una pletórica ‘Amen Omen’ acompañada de proyecciones de vidrieras policromadas sobre el telón de fondo del escenario poniendo de relieve la obsesiva espiritualidad de Harper.

Juan Nelson, el único bajista capaz de hacer sombra a su instrumento, también tuvo su minuto de gloria con ‘Black Rain’, un corte que critica la gestión del gobierno de Bush durante las inundaciones de Nueva Orleáns. Siguieron ‘Burn to Shine’, ‘With my own Two Hands’ y la descafeinada ‘Waiting for you’. El oído aperturista de Harper demostraba abarcar todo tipo de influencias: desde sus referentes menos conocidos como Mississippi John Hurt, Leadbelly o Robert Johnson a los más reconocibles: Hendrix, Prince o Sly Stone.

Harper salió en solitario para los bises interpretando sus dos mejores temas acústicos, los que le definen como un cantautor de primera fila: ‘Another Lonely Day’ y ‘Walk Away’. Tras éstos agarró su Weissenborn, una slide-guitar de principios de siglo que el propio músico ha tuneado, para dar una espectacular lección del rendimiento que saca del instrumento y que se traduce en una amplia gama de efectos.

Cuando la banda regresó al escenario para despedirse con la utópica ‘Better Way’ las luces del Palacio invitaban a abandonar el recinto. Harper y sus secuaces habían sobrepasado su hora pero no iban a privarse de una ovación final. Los asistentes lo agradecieron y el entusiasmo que demostraron a lo largo de todo el concierto bastó para explicar la progresiva escalada de este talentoso neo-hippy.