Amor en la orilla
Publicada: 14 Ago 2006150.000 personas se congregaron junto al mar, en la Playa de la Malagueta para asistir al esperado reencuetro de Enrique Iglesias con su gente, de Paulina con sus nuevas canciones y de Pignoise con el público que merecen.
Cuando se revienta el aforo de un festival de música independiente con 35.000 personas, en un país cuya historia en estos eventos nos sitúa en una adolescencia de 15 años, nos resulta asombroso. Que un solo grupo (U2, Julio Iglesias, Rolling Stones, el Papa en 1982) pueda llenar las 55.000 localidades del Estadio Vicente Calderón de Madrid no deja de perturbarnos. Admirar una alfombra humana sobre la arena de una playa mediterránea compuesta de más de 150.000 vibrantes fans, es una experiencia que deja sin habla (algo muy inoportuno hay que recibir a Enrique Iglesias, de vuelta a casa tras un lustro de ausencia. “Llevamos cinco años sin tocar en España y no hay mejor sitio que Málaga”, dijo en la presentación de ‘Solo en ti’.. Dos cosas esenciales ha aprendido Enrique de su padre: una es hacerse querer por los españoles a pesar residir fuera y la otra, probablemente más importante, la de usar preciosos coros femeninos al estilo disco del Julio de ‘Un día tú, un día yo’. El gran acierto de Enrique es arropar esta tradición para arrojarla en un sonido contemporáneo y convertirle, aún a pesar de su raíz latina, en un artista pop. Y mismo caso con Paulina Rubio, que saldría después. Al borde de la lágrima tenía a muchas fans cuando, precisamente, cantó ‘Love to see you cry’ contando con la complicidad del público. El momento álgido de su concierto se acercaba… Enrique se comunica y no para de hacer preguntas: “¿cuánta gente es menor de 18 años?, ¿cuánta gente es mayor de 18 años?” y, también, “¿cuánta gente va un poquillo borracha?” Y, tras la respuesta del público y justo antes de hacerles estremecerse con ‘Una experiencia religiosa’, el artista sentencia “no mucha, no” y arranca la canción, durante la que se tumba en el suelo para cantar mientras hace fotos con su cámara digital, al igual que luego las haría también con su móvil e, incluso, grabando con una videocámara.. ¡lo que daríamos por ver esas imágenes! El momento más emocionante de su actuación, y probablemente de la noche entera, llegó cuando Iglesias sacó a una chica del público, arrebatándola de la primera fila para darle algo aún mucho más grande. La subió al escenario y la interrogó: cómo te llamas, quién eres, con quién has venido… y, a su lado, comienza a cantar ‘Heroe’ y el público se asombra de la entereza de la afortunada que, lejos del histerismo de la típica fan, parece estar viviendo intensamente cada segundo. ¡Ni siquiera se desmaya cuando él le pasa el dedo lentamente por sus labios! Ella canta también, sentados ambos al borde del escenario e incluso él le acerca al micro y escuchamos su voz, que apenas le tiembla. Al finalizar y ante los audibles ataques de envida del público, Enrique la besó largamente en la boca y todos contuvimos el aliento.
Para recuperarnos llegó ‘Be with you’ y la tensión se desfogó con el baile, en esa y en la siguiente, una esperadísima ‘Bailamos’. Poco antes de finalizar nos sorprendió con su versión de ‘La chica de ayer’ de Nacha Pop que cantó disfrutándola e incluso bajando al foso frente al escenario para estar más cerca de su público.
Nuestro dj Javi Senz no permitió que decayera el ambiente hasta la energética aparición de las bailarinas de Paulina -amiga y vecina de Enrique, como ella declaró a MTV- quien saltó a escena con un tocado sioux que no dejó indiferente. Al quitárselo, se puso frente al ventilador y su rizada melena rubia tan característica cobró tanto protagonismo como su voz mientras cantaba la pegadiza ‘Lo haré por ti’ que volvió loco al público y desató un frenesí de baile y sexualidad sobre el escenario gracias a las curvas y la energía de la cantante mexicana. Paulina grita, celebrando la noche: “¡Málaga! ¡MTV! ¡¡Y todo el mundo aquí!!”, para declarar, sin tapujos “¡arriba el amor!” justo antes de atacar su último single, ‘Ni una sola palabra’, anticipo de su próximo álbum ‘Ananda’ (titulado como su casa de Miami, una palabra tomada del sánscrito que significa felicidad) y que la audiencia de MTV conocía bien. Paulina no quiso dejar pasar la ocasión de atribuir la autoría del tema a “mi amigo Xabi [San Martín] de La Oreja [de Van Gogh]”. Paulina está enamorada y se nota, asimismo quiso preguntarle a su público “¿quién está enamorado?” antes de cantar su famoso tema ‘Casanova’ y proclamar, tras ver las manos alzadas que sí, “el amor existe”. Una de las dos sorpresas de la noche que Pau no había querido desvelar en la rueda de prensa fue la aparición del bailaor Farruquito, nieto de Farruco, que se marcó un largo zapateado que fue atendido con reverencia. Tras el break la cantante dorada pide mecheros para ponernos melancólicos y la playa se los da, a la guitarra Marcelo y ella que se atreve con una ranchera. Cuando el concierto parecía ya finalizado la divina Rubio gastó su reservado cartucho final con un extendido ‘Y yo sigo aquí’ ultraenergético, divino e imparable que desembocó en el gran momentazo, la segunda sorpresa, sorpresón diríamos, del invitado de honor Coti para interpretar, por supuesto ‘Nada fue un error’. Sólo faltaba Julieta Venegas para completar el trío, una de estrellas del pasado MTV Day. Un tremendo, precioso abrazo entre ambos artistas al final de la actuación mientras sonaba la distorsión de la guitarra puso punto y final al espectáculo.
Pero no se vayan todavía, aún hay más. A las cuatro menos cuarto de la noche salieron Pignoise dispuestos a impedir que la fiesta decaiga con su punk-pop en castellano. Algo de público sí se había ido, pero fueron los menos, ya que Málaga no quería dejar escapar la noche más grande de feria. El público se agita y bota. Álvaro de Benito y sus secuaces presentaban las canciones de su tercer disco, ‘Anunciado en televisión’, con energía desbordante. Tras ‘Como soy’ los madrileños atacaron ‘Nada que perder’, promocionado single que volvió loca a la audiencia.
Desgraciadamente hasta las noches mágicas tienen su madraga y la de la noche del 11 al 12 de agosto no tardó en llegar, con humedad y sabor a sal, recordándonos que aún queda mucho verano por delante, mucho amor –que diría Paulina- y mucha MTV, que añadiríamos todos.
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